Ganaban 2-0 y el empuje del Real Oviedo y la mala suerte dejan el resultado en tablas. Arribas y Miguel fueron los goleadores. Los rojiblancos siguen invictos en casa
Hasta que no pasa el último cura, nunca se acaba la procesión. Y el Almería, que tuvo una ventaja de dos goles durante la mayor parte del partido, se atascó en el tramo final y acabó sumando un punto ciertamente agrio porque, además del marcador, escoció un autogol lleno de infortunio. Los de Pimienta tuvieron la sentencia en numerosas ocasiones pero les faltó el punto y final ante un bravo Real Oviedo que no entregó la cuchara hasta el final.
PRIMER TIEMPO
El partido nació vibrante y con ritmo desde su primer sollozo. Espoleados ambos equipos por sus buenos resultados, fueron a por el rival para lograr la ventaja de quien golpea primero. Sería el Almería al paso del primer cuarto de hora y desde la esquina; el balón parado, como abrelatas, acabó siendo el 1-0 después de un gilicórner con premio: Quim sacó en corto y al recibir el balón con ángulo pudo teledirigirlo al segundo palo donde, Arribas, se encargó del resto. El esférico venía llovido de Preferencia a Tribuna y, sin dejarlo tocar el césped, lo acomodó suave y certero pegado al palo izquierdo de Aarón. La bota zurda del 'pichichi' vigente es una lámpara mágica que, cuando se frota, sale el genio que lleva dentro.
Unos minutos después temblaría la meta de Andrés Fernández tras un jugada personal de Enzo que acabaría con un disparo potente en el travesaño del fondo norte. Reaccionaba el Real Oviedo que agitaba el partido y avisaba de que no iba a rendirse en ningún caso.
El equipo local lograría el 2-0 rondando la media hora de partido. Su autor, el que no tiene gol pero es máximo anotador de la categoría: Miguel de la Fuente. El ariete anestesió de espaldas un centro que le llegó desde el flanco zurdo y, en un pestañeo y girando, remataba de diestra para perforar de nuevo la portería contraria; los delanteros que tienen ojos en la nuca lo acaban viendo todo y De la Fuente sabía dónde estaba la diana y tenía la flecha cargada.
Los porteros evitaron más goles antes de llegar al descanso. El Almería pudo liquidar el partido con acciones premium y ocasiones como la de Quim, cuyo chut salvaba Aarón por abajo. Y el equipo asturiano se chocó un par de veces con el muro de Andrés Fernández.
El primer asalto acabó con el siempre temible 2-0 que, estadísticamente, suele ser una trampa peligrosa.
SEGUNDA PARTE
Arrancó el segundo acto con algún problema logístico entre las comunicaciones del VAR y las notables molestias físicas en el tobillo del colegiado Germán Cid. Sin dejar de poner en valor la actitud de un Real Oviedo que arriesgaba con los cambios y que apostó por la machada. En marcadores así, un gol casi siempre vale doble anímicamente.
El Almería tuvo sus momentos para cerrar el encuentro pero ni Arribas ni Miguel acertaron con el descabello. El madrileño atacó el área y alcanzó el punto de penalti pero, trastabillado, no ajustó lo necesario su remate. El delantero, por su parte, logró una cabalgada de más de cuarenta metros pero cuando debió fusilar decidió dar un toque de más al balón para desperdiciar y lamentar la ocasión.
Y al igual que la hemeroteca está plagada de dos goles de ventaja al descanso que acaban esfumándose de la nada, la ley de "quien perdona, lo lamenta" entró en vigor en el UD Almería Stadium. Todo iba dirigido al récord de la octava victoria consecutiva hasta que la vajilla saltó por los aires.
El 2-1 llegó en el minuto 87 y lo anotó Jacobo González desde fuera del área; un minuto antes, el Almería estaba instalado en campo contrario y tenía una falta a favor pero una jugada coral del Real Oviedo acababa con las primeras maniobras de RCP al partido al que, todavía, le quedaba pulso.
Hasta el último segundo, el guión siempre admite tachones. Y ya en el descuento, y tres minutos después de lo anterior, la suerte le giraba la cara a los nuestros cuando un remate que iba fuera acabó dentro de las redes de Andrés; un leve toque de Pulido desvió la trayectoria del balón y el récord se quedó en la orilla.
El punto -y final- al número de victorias consecutivas demuestra precisamente la dificultad y proeza de las siete sumadas con anterioridad.
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