Triunfo de relevancia y prestigio en Mallorca, donde el Almería suma su cuarta victoria consecutiva en la Liga y aumenta a tres las jornadas seguidas sin encajar gol. Andrés Fernández se exhibió con un paradón en el minuto 91
En horario de 'Saber y Ganar', el Almería supo y ganó. Y lo hizo de forma camaleónica tal y como exige su 'profe': resistiendo con una colocación de piezas sobre el tablero sencillamente excelsa y, castigando como una bestia a su rival a la hora de atacar. La cuarta victoria consecutiva no tuvo nada de ordinaria: hallanamiento de una morada de recién descendido, victoria frente a un gallo de corral y, la guinda, con la portería nuevamente a cero. Miguel 'Fernández' sería el jugador del partido: un híbrido entre el delantero y el arquero. Ambos, imprescindibles en las dos áreas de Son Moix.
PRIMER TIEMPO
Los huesos duros de roer, exigen paciencia. El RCD Mallorca, con cinco porterías a cero en seis jornadas, se presentaba como un candado difícil de abrir. Muy difícil. Y el Almería estaba obligado a insistir, y resistir. La primera parte sería un ejercicio de resilencia y de solvencia, aspectos que llevamos rezando durante décadas y que, por fin, han venido para quedarse.
La primera ocasión del partido sería a favor de los bermellones, que salieron mejor al partido que los nuestros; al paso del primer cuarto de hora Roca se topaba con otra roca y su disparo en el mano a mano contra Andrés Fernández acabó siendo despejado por las piernas del meta rojiblanco. Un pase entre líneas al espacio y un buen control de Antoniu no acabó en la gatera porque Andrés tapó muy bien el arco.
No hay forma de aprenderse un once inicial del Almería de memoria. Ni ganando tres partidos consecutivos. Virus FIFA mediante, Pimienta se presentaba en este partidazo con otros cuatro cambios de partida en Son Moix (Vesga, Chirino, Quim y Arribas).
La réplica rojiblanca llegaría en el 24' con el primer disparo sobre la portería de Tenas; la zurda de Arribas no encontró las redes del Mallorca porque se cruzó un zaguero del Mallorca tras un disparo cerca del punto de penalti.
Una de las grandes ocasiones la firmaría Pablo Torre y la fortuna sonrío con un remate desde la frontal que se iría al palo izquierdo de la portería rojiblanca; su disparo cruzado, raso, se fue a la madera en el minuto 29 de la primera parte.
Los de García Pimienta son un equipo absolutamente letal; sus argumentos pasaron de defensivos a ofensivos con el 0-1 en el 34' y el gol de Miguel de la Fuente; todo partió de un cohete que encendió de falta directa Embarba y que, tras el zigzagueo de la pelota, Tena dejaba vivo dentro del área. Hasta allí fue, hambriento e intuitivo De la Fuente -puro nueve- para reventar la portería, romper las redes y, de paso, las tablas en el marcador. Miguel, otra vez, sacando la licencia de caza para adelantar a su equipo. ¿No tiene gol?
Saboreando el dulce tuvo que aparecer de nuevo Andrés Fernández para amargar la falta directa que Pablo Torre quería meter en la escuadra. Vuelo sin motor del cancerbero en el 37' y descanso a la vista.
SEGUNDO TIEMPO
El Almería frotó la lámpara mágica nada más reanudarse el duelo pero, el duende, andaba todavía en vestuarios. Miguel de la Fuente caía a banda derecha, entregaba un balón por abajo a Sergio Arribas y este, girando con la pelota a través de su pierna derecha y disparando rápidamente con la zurda, su tiro rozó el poste derecho de Tena. El atacante dibujó una jugada de base baloncestístico.
Otra vez Arribas, en el 56', tuvo el 0-2. Una jugada coral entre Javi Muñoz, Arribas y De la Fuente terminaba con un chut de De la Fuente que repelía Tenas y que, Arribas, no esperaba para colocar bien el interior de su bota en el área pequeña y embocar a gol.
En Son Moix había cambiado el panorama y el desarrollo del partido había dado un giro de 180 grados; los rojiblancos dominaban y los bermellones sentían el agobio de los almerienses. La UDA había elevado el listón. Mucho. Y estaba cerca, muy cerca, de conseguir abrir distancia en el marcador.
El RCD Mallorca trató de abrir un agujero en la férrea zaga rojiblanca y su intento, uno tras otro, se estrellaba constantemente frente a un Almería sólido, solvente e infranqueable. Palabras, todas ellas, que son la gran bendición de la 26/27. Y con piezas sobre el campo -línea de cuatro defensiva- que ya formaban parte de plantillas pasadas. La mano de 'Pimi', quirúrgica.
No obstante, los bermellones seguían en partido. Y esa cercanía en el marcador les manteía con vida y la esperanza pudo llegar en el 73' pero Darder, llegando y sorprendiendo desde atrás, más que rematar lanzaba un pase que Andrés Fernández se quedaba en sus manos. Un susto. No sería el último ni, tampoco, el más aterrador.
Y es que en el 91' Andrés Fernández obró un milagro con un remate a bocajarro y, en la misma línea de gol, un despeje a córner con la única parte del cuerpo que le faltaba usar en el partido: el alma.
No entró en pánico el equipo almeriense y lo único que hizo hasta el pitido final es lo que viene haciendo cada día en la oficina. Defender y mantener una victoria trabajada, llena de oficio y que pone en valor la palabra más importante de este nuevo proyecto: equipo. En el autobús oficial se puede leer aquello de Ardientes de Gloria y, sobre el campo, el lema adquiere vida propia.
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