El equipo rojiblanco cayó tras reaccionar con un 0-2 en contra pero fue insuficiente. El UDA Stadium quedó desolado y los futbolistas abatidos en el césped tras perder la final
Decepción. Frustración. Impotencia. Y tristeza. Toneladas de tristeza en el bando rojiblanco tras ser derrotado en casa y después de un amago de remontada que se quedó, precisamente, solo en eso. La reacción con 0-2 fue lo mejor del partido de vuelta y a su vez su lado más doloroso; el gol de Baptistao dejó la sensación de que con un empujón más, el final podría haber sido distinto y la final podría haber acabado diferente.
La gran final -como todas- en el UDA Stadium tuvo más emoción que fútbol; conscientes de la igualdad demostrada en la ida, la vuelta no fue muy diferente. Al menos en el nudo de la trama. Dos equipos sólidos, bien plantados en el tablero y con un plan de partido que incluía hacer daño y evitarlo. Un envite que no tendría prórroga pero sí prólogo puesto que empezó con media hora de retraso.
Las mejores ocasiones de la primera parte fueron del Málaga CF y su autoría de 'Chupe'; tanto en el 4' como en el 10' el atacante no logró acertar con la diana tras varios remates claros cerca del punto de penalti. El dominio en este primer tiempo resultó ser alterno con los dos equipos llegando y amenazando pero sin culminar ningún ataque. Escaramuzas y 'uys' a granel pero empate a cero al descanso.
La vajilla saltó por los aires sobre la hora de juego tras un error en salida de balón de los rojiblancos; una pelota comprometida de Bonini por el pasillo central acabó en los pies de Joaquín y, este de pase certero, dejó solo dentro del área a 'Chupe' que esta vez sí acertaría con el gol para reventar la eliminatoria y poner en ventaja al Málaga CF. Solo seis minutos después, el problema viró a drama con el 0-2 de Larrubia después de una transición de vértigo.
Y cuando más difícil se puso la eliminatoria, más cerca pareció con el 1-2 de Baptistao en el 76'; el brasileño encontró un balón dentro del área tras una prolongación de Embarba y, con cloroformo y sangre fría, logró dormir al portero y defensor para con dos toques empujarlo a la portería y dibujar un final épico.
Desgraciadamente el tiempo pasó deprisa y lo único que aconteció fue una expulsión de Thalys que congeló cualquier atisbo de gesta, al Málaga CF en Primera División y al equipo almeriense abatido en un terreno de juego inundado de lágrimas.
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